


Ayer por la tarde fuimos a la boda de mis sobrinos Silvia y Rafa. Hacía muchísimo calor, eran las 6 de la tarde y la iglesia estaba en plena calle de Serrano, menos mal que al llegar, unas amigas, entregaban a cada invitado un abanico estupendo que daba muchísimo aire y que nos salvó la vida. Entramos a dar un beso a mi hermana Mª Teresa, la madrina y a Rafa (que esperaba impaciente a la novia) guapísimo con chaqué como el padrino y todos los testigos. La madrina, llevaba un traje largo en tonos gris negro y rojo de Adolfo Domínguez que la sentaba muy bien y un tocado de lazo con plumas muy sencillo.