
El pasado 28 de Septiembre, cuando fuimos en tren desde París a Ámsterdam, al llegar a Bruselas, la revisora que iba pidiendo los billetes, era una chica alta, rubia y guapísima. Cuando llegó a nuestro lado, nos quedamos pasmadas, al ver que la faltaba medio brazo izquierdo, y que sujetaba con soltura con el muñón, la máquina de perforar los billetes. Nos sorprendió, lo sonriente y amable que era, y lo desenvuelta y segura que parecía estar de ella misma. La verdad, es que estuvimos un buen rato comentando