

Este fin de semana larguísimo, hemos tenido a los niños en casa, y hemos aprovechado para adornar la Navidad. Cualquier cosa que hagas con los niños, te sabe a nueva, el entusiasmo y la ilusión que tienen es tan contagioso que al ratito, todos nos estábamos riendo a carcajadas. Mi madre me decía cuando mi hijo Daniel era pequeño: -¡Ten paciencia, y explícale las cosas, porque para el todo es nuevo!. Tú le has traído a este mundo, ahora tienes que enseñárselo.
- Cuando hay niños en casa, todo vuelve a ser nuevo para todos. Tienen tanta inocencia, tanto entusiasmo, que cualquier cosa cobra categoría de especial, cuando ellos la descubren. Todo les causa sorpresa, y es muy fácil ver sus emociones, porque su lenguaje corporal es clarísimo, son absolutamente transparentes.