

Cada vez respeto más la sabiduría de nuestros padres. Recuerdo que cuando era pequeña, y un poco vaga, mis padres, me mandaban a la cama la noche antes del examen,( en la que pretendía estudiarme, lo que no me había aprendido en meses) y me decían: ¡Acuéstate Paloma, que mañana, lo recordarás todo mucho mejor, después de haber dormido!.
- Yo me acostaba enfadada por esa falta de fe en mi poder mental, pues tenía la seguridad de que si me quedaba despierta, sacaría un 10.
-Curiosamente, al día siguiente, me acordaba perfectamente